
Un primer nivel de lectura nos permite considerar que sólo merecen ser vividos los días en que el amor triunfa sobre la codicia y el miedo, y también que la eternidad no es en sí misma apetecible y menos a cualquier precio. Frente a ese magnate aislado en su torre de oro y protegido por un sinfín de guardaespaldas, se levanta el dueño y la niña del puesto que regala tiempo a quien lo necesita; frente al egoísmo del Guardián del Tiempo que quiere conservar sus privilegios, encontramos el gran corazón de Will que desea ver a todos iguales y en un estatus superior; frente a la violencia de los ladrones del barrio, la justicia de ese hombre honrado y noble; y frente al avaricioso que atesora millones (de años), el hombre que vive al día confiando en su trabajo y en sus amigos.

Pero hay otro subtexto que no es menos interesante y que cuestiona cierta política educativa de tono proteccionista, pues vemos a un padre temeroso de que su hija se pierda: su comportamiento es todo un fracaso como padre porque creyó que el afecto se podía comprar o la obediencia exigir, porque no contempló que el amor podía trastocar toda la previsión y lógica racionalista, porque no supo ver que la libertad es capaz de romper las barreras construidas con mano de hierro.

Cabe aún una tercera perspectiva que, metafóricamente pero de forma evidente, trae la historia a nuestro tiempo de especulación financiera. Estamos ante la justicia social que se debe exigir a un sistema en el que las diferencias de clase aumentan conforme unos pocos se aprovechan de la necesidad de la mayoría para su propio beneficio. La formación de guetos y de zonas de privilegio hace que los poderosos sean más cada vez más poderosos, que resulte imposible corregir esa situación de indefensión e injusticia. Es la ley del más fuerte que Darwin aplicó a la evolución biológica y Marx al análisis socioeconómico para justificar la revolución…, es el capitalismo salvaje que en época de crisis corta las cabezas de los más pobres mientras algunos se ven obligados a robar algo menos (pero a seguir robando).

Menos mal que siempre hay un Robin Hood para dar a los poderosos y gentes sin conciencia un toque de atención, y menos mal que el amor y la libertad son valores más atractivos que ningún otro y que terminan por convencer incluso a la inocente Sylvia Weis. Afortunadamente, el darwinismo capitalista es sólo una teoría que puede corregirse y mejorarse, y además todos sabemos que “un día da para mucho” si se aprovecha bien y que el tiempo mejor aprovechado es el que se da gratuitamente. No hay duda de que “el tiempo es oro”, pero también es cierto que “no es oro todo lo que reluce”.
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